Remedio para melancólicos

Onte dixéchesme que morrera Ray Bradbury. Mais eu podo dicir que o poderei seguir lendo en ti e que, a súa obra, se poñerá “de punta” contigo cando te emociones ou algo che guste moitísimo.

 

 

Ler en ti. Tamén se pode ler nas persoas que queremos, sobre elas, para elas

Abrió la mano. En la mano se veía una rosa recién cortada, con unas gotas de agua cristalina entre los suaves pétalos rojizos. Extendí la mano para tocarla, pero era sólo una ilustración.

En cuanto al resto, no sé cómo pude quedarme quieto y mirar. El hombre ilustrado era una acumulación de cohetes, y fuentes, y personas, dibujados y coloreados con tanta minuciosidad que uno creía oír las voces y los murmullos apagados de las multitudes que habitaban su cuerpo. Cuando la carne se estremecía, las manitas rosadas gesticulaban, los labios menudos se movían, en los ojitos verdes y dorados se cerraban los párpados. Había prados amarillos y ríos azules, y montañas y estrellas y soles y planetas, extendidos por el pecho del hombre ilustrado como una vía láctea. Las gentes se dividían en veinte o más grupos, instalados en los brazos, los hombros, las espaldas, los costados, las muñecas y la parte alta del vientre. Se los veía en bosques de vello,
escondidos en una constelación de pecas, o hundidos en las cavernas de las axilas, con
ojos resplandecientes como diamantes. Cada grupo parecía dedicado a su propia
actividad; cada grupo era toda una galería de retratos.

-¡Oh! ¡Son hermosas! -exclamé.

Fragmento de El hombre ilustrado

 

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